En su natalicio Gabriela Mistral nos cuenta su Elqui

Este viernes 7 de abril, como es conocido, nuestra Gabriela está de cumpleaños. Para una persona intemporal y eterna como ella, son apenas unos joviales 128 años. Ya sabemos que seguiremos celebrándola por siglos. Los hijos de nuestros hijos, y las hijas de aquellos lo harán, y así seguirán, y seguirán. Hoy corresponde realizar una gran fiesta de celebración, en cada hogar, en cada alma sensible y joven, en cada paisaje de este maravilloso territorio por donde ella caminó absorta y feliz, en sus íntimos coloquios con los seres y las cosas.

Una manera bella de hacerlo es gozando su mirada sobre este terruño y su gente, nuestros abuelos y nuestras abuelas. Así nos cuenta en su particularísima prosa…“El valle es casi un tajo en la montaña. Allí no queda sino hambrearse o trabajar todos, hombres, mujeres y niños. El abandono del suelo se ignora… Donde no hay roca viva que aúlla de aridez, donde se puede lograr una hebra de agua, allí está el huerto de durazno, de pera y de granado…El hambre no la han conocido esas gentes acuciosas, que viven sus días podando, injertando o regando…sin dejadeces criollas, sabedores de que el lote que les tocó en suerte no da para mucho y cuando más da lo suficiente: casta sobria en el comer, austera en el vestir, democrática por costumbre mejor que por idea política, ayudándose de la granja a la granja y de la aldea a la aldea…

El elquino siempre sintió profundamente el orgullo de su tierra. Para él nada supera a lo elquino: el mejor clima es el de Elqui, el cielo azul más puro es el que cobija Elqui, la fruta más sabrosa es la que produce Elqui. …Junto a ese desmesurado orgullo del terruño, el elquino posee otras peculiaridades: una ardiente imaginación que ha florecido en leyendas y tradiciones desparramadas por todos los vericuetos cerriles, un sentido místico en sus interpretaciones de los diarios aconteceres y una constancia ejemplar en el trabajo…Somos las gentes de esta zona de Elqui mineros y agricultores en el mismo tiempo. En mi valle el hombre tomaba sobre sí la mina, porque la montaña nos cerca de todos lados y no hay modo de desatenderse de ella; la mujer labraba en el valle. Antes de los feminismos de asamblea y de reformas legales, cincuenta años antes, nosotros hemos tenido allá en unos tajos de la Cordillera el trabajo de la mujer hecho costumbre. He visto de niña regar a las mujeres a medianoche, en nuestras lunas claras, la viña y el huerto frutal; la he visto hacer totalmente la vendimia; he trabajado con ellas en la llamada “pela del durazno”, con anterioridad a la máquina deshuesadora, he hecho sus arropes, sus uvates y sus infinitos dulces llevados de la bonita industria familiar española”. Y en su Poema Chile señala con rotunda eternidad…

MONTAÑAS MÍAS
En montañas me crié
con tres docenas alzadas.
Parece que nunca, nunca,
aunque me escuche la marcha,
las perdí, ni cuando es día
ni cuando es noche estrellada,
y aunque me vea en las fuentes
la cabellera nevada,
las dejé ni me dejaron
como a hija trascordada.
Y aunque me digan el mote
de ausente y de renegada,
me las tuve y me las tengo
todavía, todavía,
y me sigue su mirada.

Rodrigo Marcone
Región Gabriela Mistral

       



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