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En San Isidro de Vicuña rogaron a su patrono por las lluvias y para que termine la pandemia

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El domingo recién pasado los habitantes del pueblo San Isidro, ubicado a un kilómetro al oriente de la ciudad de Vicuña, tuvieron su fiesta religiosa en forma muy diferente a como ha sido durante toda su historia debido a la pandemia del coronavirus.

A pesar de las normas sanitarias que prohibe la congregación de personas y el uso obligatorio de mascarillas y conservar una distancia mínima de un metro y medio entre las personas, los sanisidranos igual se las arreglaron para rendirle honor a su santo patrono San Isidro Labrador y realizar la fiesta religiosa en forma muy particular, que todos los años se lleva a cabo en el segundo o tercer domingo del mes de mayo.

Esta vez no hubo presencia de los tradicionales grupos de bailes religiosos, ni de los cientos de feligreses y ni de las decenas de comerciantes ambulantes, pero sí se mantuvo intacta la fe y los deseos de celebrar de todas maneras al santo patrono del pueblo. Tampoco hubo misa. Sin embargo, el día domingo 17 algunos pocos católicos se pusieron de acuerdo para llevar en procesión a San Isidro en una camioneta y seguido por otros vehículos donde iban grupos de familias. La procesión motorizada recorrió la calle principal del pueblo y el Callejón San Lucas.

Mientras pasada la caravana por las calles, los vecinos se apostaron en los frontis de sus casas, con sus respectivas mascarillas, y junto a los pequeños altares y adornos alusivos a la fiesta religiosa.

Desde tiempos remotos los feligreses usan dos refranes para rogar a San Isidro que llueva en tiempo de sequía o deje de llover cuando es mucha la precipitación.

Para la primera situación rezan: “San Isidro barba de oro, ruega a Dios que llueva a chorro”. Para la segunda situación claman de la siguiente manera: “San Isidro Labrador, ruega a Dios que salga el Sol”. Sin embargo, en esta ocasión los vecinos de San Isidro, agregaron en sus rezos el clamor “San Isidro Labrador, ruega a Dios que termina la pandemia”. Todos los vecinos elevaron sus oraciones al santo patrono durante la procesión para que concluya la pandemia del coronavirus y que vuelvan las lluvias que han sido muy escasas en los últimos años.

Esta actividad es una de las fiestas religiosas patronales más concurridas en el Valle de Elqui, a la acual acuden muchos elquinos, especialmente agricultores que ruegan al santo patrono por la tan necesaria lluvia durante el invierno. Por este motivo es que cientos de feligreses provenientes de todas partes del valle se congregan en la pequeña iglesia y la plaza del sector para rendirle tributo al santo patrono del pueblo.

La fiesta religiosa permite que, como sucede en todas las fiestas religiosas, en las inmediaciones de la iglesia se instalen decenas de comerciantes que ofrecen una gran variedad de productos. Este año, la realidad fue muy distinta pues no hubo presencia masiva de feligreses y sólo los vecinos del sector presenciaron desde sus puertas o ventanas el paso de la imagen del santo patrono que iba en un vehículo, escoltado por otros vehículos que recorrieron el pueblo en una cálida tarde otoñal.

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