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Deceso de adolescente causa consternación en Vicuña: Hubo masiva manifestación en calles

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Hondo pesar causó en los vicuñenses el lamentable deceso de una adolescente de 16 años que en la tarde del día domingo recién pasado decidió terminar con su vida al interior de su domicilio ubicado en la Población Tocopilla.

En las próximas semanas cumpliría los 17 años. La menor de edad sufría una profunda depresión que no pudo superar y que fue causada por una experiencia traumática cuando tenía 15 años. El último adiós le fue dado el día martes después de almuerzo cuando la lluvia se dejaba caer con mayor intensidad.

La partida de A.G.R., ha dejado un gran dolor en su familia, sus amistades y en toda la comunidad de Vicuña, sobre todo después de su sepultación cuando por las redes sociales aparecieron antecedentes sobre el origen de la depresión que sufría.

Según esos antecedentes, la pequeña habría sido víctima de una agresión sexual en septiembre del 2018 mientras se desarrollaba la Pampilla de San Isidro; una experiencia que la dejó muy mal y que revelaría a su familia al mes siguiente. El 17 de octubre se estampó una denuncia en la PDI de Vicuña, contra el autor de dicha agresión. El supuesto autor del delito, D.S.V., nunca fue enjuiciado y estaría cumpliendo una condena por otro delito en una cárcel regional.

Esa justicia que no alcanzó a recibir la adolescente es la que hora se alza a gran voz en la comunidad vicuñense, especialmente en las mujeres que se han unido para exigir justicia a través de actividades masivas.

Por ejemplo, ayer en la tarde se efectuó una marcha desde la Avenida Las Delicias hasta la Plaza Gabriela Mistral, donde una gran cantidad de mujeres vestidas de negro y con globos blancos y rosados prendieron velas en memoria de A.G.R. Además, una velatón en la plazoleta de la Población Tocopilla se realizará el día sábado.

La ciudadanía ahora espera una explicación de parte de los organismos del Estado que debieron brindarle una mejor atención y protección a la adolescente, y que debieron llevar ante la justicia al supuesto autor de la agresión sexual que la marcó para siempre.

El caso ha calado hondo en la comunidad elquina y ha despertado una fuerte reivindicación por los derechos y el respeto hacia las mujeres.

Una de ellas que ha alzado la voz es Eugenia Cifuentes Lillo, ex directora regional del SERNAM, quien declaró: “Hoy nos sentimos conmovidas, con pena ante la decisión de una inocente de apartarse de este mundo, cargada de rabia, de vergüenza, pero por sobre todo de dolor y miedo por tener que enfrentar la pena profunda de ver que su agresor estará circulando nuevamente por las calles. Esta historia no es nueva en nuestro país, pero sí lo es en nuestra comunidad, que no ha estado exenta de la violencia de género y de femicidios, la que ha sido perpetuada por el Estado y la tardanza de la justicia en actuar contra los actos de violencia al interior de la familia, en las calles y en nuestro entorno. La violencia de género incluye cualquier acto de poder vejatorio contra una u otra persona y especialmente contra las mujeres, niñas y niños y es aquí donde la acción deber estar centrada, pues ¿De qué nos sirven leyes que no poseen los recursos y medios necesarios, efectivos y oportunos para brindar atención a las víctimas, que nos permitan ocuparnos de sus temores, de sus miedos? ¿De qué nos sirve que se generen medidas precautorias de alejamiento, cuando las mismas pueden ser desobedecidas en cualquier momento? ¿De qué nos sirven aquellos apoyos psicológicos extemporáneos o difusos en el tiempo? En fin, ¿de qué nos sirven aquellas medidas que no van a ser efectivas cuando las necesite una mujer, una joven, una niña o niño? Hoy en pandemia, cuando todo es a distancia, cuando estamos obligados a mantenernos aislados; sin duda, la depresión, la angustia y el silencio aumentan la desesperación y se amplifican los sentimientos de terminar con el dolor propio y el de los seres que nos quieren; sin embargo, no es un acto de cobardía o de falta de racionalidad. Tal vez fue la única solución frente a esa angustia, frente a esa pena.

Más adelante comenta que “El clamar justicia no solo significa que el agresor reciba las penas del infierno, sino también clamar y manifestarse porque de una vez por todas la justicia sea justa y oportuna en su actuar, que las víctimas primero -y digo primero- sean protegidas, que tengan los apoyos psicológicos en forma inmediata y terapéuticos permanentes, que los seguimientos sean efectivos no solo a la víctima, sino también a su entorno familiar y, sobretodo, que el agresor reciba la pena justa del delito cometido.La desolación por la pérdida no solo debe ser bandera de lucha para un día o solo de las mujeres por las mujeres, sino que debe ser la bandera de lucha de toda la comunidad, de la sociedad entera, de los líderes y lideresas, de las madres y padres, de todos. NI UNA MENOS, no solo por ser mujer, sino también porque nadie es superior a otro, porque la igualdad de derechos debe ser ahora ya, porque la justicia debe ser justa, porque debe tener los medios para proteger y castigar a los que abusan, violentan y matan. Por todo ello, clamamos y exigimos para que no haya NI UNA MENOS”.

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