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Blanca Estela Marín: Una reina de cien años en Vicuña

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El pasado sábado 5 de octubre Blanca Estela Paz Marín, una querida vecina del centro de la ciudad de Vicuña, cumplió cien años de vida y fue agasajada por su numerosa familia el pasado sábado 12 de octubre, recibiendo el cariño y la admiración de sus 9 hijos, 19 nietos, 36 bisnietos y 12 tataranietos; además de sus vecinos e invitados especiales.

La jornada fue una fiesta de amor y alegría por el siglo de vida de Blanca Estela, quien a su edad está casi en perfecta condición de salud: no presenta enfermedades crónicas, camina sin apoyo, lee y firma sin usar lentes, su memoria está impecable y se vale por sí misma para desarrollar algunas labores de casa. Realmente tiene una salud envidiable que muchas personas, incluso adultos jóvenes, quisieran tener como esta adorable abuelita de hermosos ojos azules y mirada serena.

Blanca Estela Paz Marín, nació el 5 de octubre de 1919 en Mulero, un sector al interior de Marquesa, Comuna de Vicuña.

Su enseñanza primaria la cursó en la escuela de El Tambo, donde ayudaba a la profesora en las clases. En 1941 se casó con Carlos Flores Flores, en la ciudad de Vicuña, cuando ella tenía 22 años, siendo su madrina de bodas una prima de Gabriela Mistral. Posteriormente se trasladó junto a su esposo al sector La Cortadera, ubicado cerca de Mulero, su tierra natal.

Ambos se dedicaron a la ganadería caprina y tuvieron sus diez hijos, cinco varones y cinco mujeres. Una de las hijas falleció a los pocos meses de vida. Luego de varios años se radicó en Vicuña, instalándose en una antigua casa ubicada en calle Chacabuco, en el centro de la ciudad. El año 2002 perdió al compañero de su vida y quedó al cuidado de dos de sus hijas. Su casa se caracteriza por ser el punto de ventas de los ricos quesos de cabra que produce el ganado caprino de su familia.

Las claves de su longevidad y su excelente estado de salud tal vez sean la buena alimentación que tuvo y su vida plena de trabajo.

“Tanto ella como nosotros sus hijos consumíamos leche de cabra todos los días y en época en que no había ella guardaba manjar de leche de cabra, le agregaba agua y nos daba. Ella preparaba la harina tostada, el café y el trigo majado; ella hacía el pan y siempre le gustaron los porotos y las naranjas. Tomaba agua pura y siempre tomaba su tecito después de almuerzo.

Criaba sus gallinas y siempre tenía huevitos para darnos”, nos cuenta una de sus hijas que ahora la cuida a ella como a una muñeca. Agrega que siempre fue muy religiosa y que todos los días hace sus rezos; le gusta ver televisión y retiene todo lo que ve porque tiene una memoria a toda prueba y lee sin lentes los libros católicos que le llevan.

“Ella fue madre y profesora porque ella nos enseñó a leer y escribir allá en el campo donde no había escuela; así es que le debemos mucho a ella porque hizo todo lo posible por criarnos y darnos educación”, subraya.  Además, confiesa que su madre prefiere el calor al frío y que le teme al viento fuerte y los temblores.

En la celebración de su cumpleaños, todos los presentes le desearon muchos años más de vida hasta llegar a los 105 años o incluso más. Con la buena salud que tiene seguro que así será. Por mientras, recibe el cuidado de dos de sus hijas quienes se preocupan de todos los detalles para mantenerla con esa asombrosa salud tan firme como un roble.

Publicado por El Vicuñense en Sábado, 12 de octubre de 2019

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